Todo se olvidó, nos convertimos en extraños al cerrar la puerta.
A mi lado: la tristeza de que no hubieras luchado un poco más, la pena de haberme rendido, de saber que nos amábamos aunque nos dijéramos adiós, la incertidumbre del "¿qué pasará?", y así... un largo etcétera
A tu lado: el adiós, reproches para ti y otros tantos para mi, el "aún le amo, pero no...", el orgullo y el confort...
Dos caras de una moneda al que rompieron para dar un cambio, a veces bueno, otros no tanto.
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