Una punzada de dolor atravesó mi pecho, su mirada ardiente ya no me causaba el placer de antaño, sólo me sentía dolida por lo que pudo ser y jamás pasó...
Él había decidido alejarse, yo.. seguir mi camino, hubo un punto de inflexión y no quise volver a ser su perrito faldero nunca más...
Sus ojos marrones se clavaban en mi, le di un leve beso en la mejilla y me fui con el corazón hecho trizas...
Al cabo de los días, meses... le olvidé... se había ido hacía tanto tiempo que su calor se había esfumado de mi recuerdo y mi cuerpo.
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