Anoche besaste mi espalda, mordiste mi cuello, agarraste mi cuerpo y no lo alejabas de ti...
Me hiciste el amor de la forma más dulce y hermosa que jamás hubiera imaginado, pero también con la lujuria que nos caracteriza, nuestras manos no eran sólo dos... nos acariciábamos con nuestros cuerpos...
Tu respiración entrecortada y entre gemido y gemido mi nombre en tu boca... "Mel, ¡cuanto tiempo llevo deseando esto!" Y eso, eriza cada poro de mi piel, que está ardiendo por la pasión...
Los susurros se vuelven gemidos, los gemidos, gritos... y así... hasta que se transforman en una lágrima agridulce ya que despierto en mi cama, sola, sabiendo que tu recuerdo aún sigue en mis sueños arañando mi alma...
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