Como bien sabes, al principio no quería casi ni hablar contigo, pero al paso de los días y las semanas, se me hacía indispensable saber cómo estabas y qué era de ti.
Un día, me llamaste amuleto y creo que, ahí cambió mi forma de verte, lo que al principio pensé que era un rayo que pronto se acabaría, terminó por ser un rayo incendiario, que me cegó con su fuerte luz y permanece aún aquí.
Espero que leas esto y te transmita un poco de mi, y nunca lo olvides, que esta sea una primera carta. Gracias por hacerme olvidar y recapacitar.
..........................................................esto no es un adioh! como tú dices... es un hola, sah?

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